“La Chelo”, ideales, determinación, supervivencia (Parte II)

He bajado a la huerta que está en la parte posterior de la casa, donde siempre desayunábamos durante los veranos que veníamos al pueblo.
Me siento en el poyete de piedra tallado en el muro del final del jardín. Recostado de medio lado, miro a la sierra fijándome en el imaginario caparazón de tortuga que permanece en la ladera, formado por canchales de granito, que siempre llamó mi atención de niño.
Abro la libreta por la segunda página:
“Comienzo a escribir en esta libreta para que quede testimonio de la resistencia activa de un grupo de extremeños ante el golpe de estado, con la idea de mantener vivo el pensamiento libertario.
Está terminando el verano de 1942 y el chambergo y el miguelillo se han ‘cansao’ de esperar la posible ayuda de los aliados y se han ‘largao’ a Francia, pues ya no confían en nadie.
Estoy escondida en el doblao de la casa de un amigo de D. Antonio, el dueño de la finca donde trabajaba mi padre de mediero. Viene el invierno y los picoletos han ‘reclutao’ muchos soplones. La vida en la sierra es cada vez más difícil.”

Dejo de leer y levanto la vista hacia la sierra, llevando mi pensamiento a la época. Conocía muy bien la intensidad de los maquis en Asturias, pero no conozco los de mi tierra. No sabía que en mi pueblo hubiera habido  ninguno.
Paso unas páginas y a mitad de libreta leo: “15 años ya desde el golpe de estado. Llevo escondida ya 9 años. Doro, el hijo de D. Antonio, sube por la noche cuando ya todos están dormidos a traerme comida. Hace ya unos años que no me repite: debíamos haber huido juntos después de consumar nuestra relación en la garganta; 28 de marzo de 1936, un sueño en el que sólo él creyó siempre. Buena celebración de su santo hicimos, sin duda.”

Levanto la vista de la libreta nuevamente. Padre se llama Doroteo y siempre dio más importancia a su santo que a su cumpleaños. No puedo evitar sonreír mientras contemplo la sierra. Sigo leyendo. “Aquel sábado de marzo de 1936 me sentí plena. Al día siguiente hizo un domingo espléndido y salimos de caza. La cara de Doro cuando me vio ir batiendo perdices y conejos era un poema.”

Maqui en Extremadura

Me quedo ensimismado y al aflojar la presión sobre las hojas de la libreta, cae una foto. La tomo y es una mujer cargada de perdices con algunos conejos al pie. Le doy la vuelta y leo: marzo 1936. Dolores, la futura madre de mis hijos.

Conduzco muy lentamente. Estoy en la vega del Tiétar paralelo al río volviendo a casa con padre. La libreta está en el asiento del copiloto. No pude seguir leyendo.

… de repente, caigo en que estamos en marzo de 2016. Hace un día espléndido.
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