Labor rural; personalidad.

Siempre ha sido dura la vida laboral en el campo, quizás más en la comarca de La Vera.

Además de tener que ajustar la jornada de trabajo a las horas de luz y estar expuesto a las inclemencias del tiempo, la falta de conocimiento sobre el rendimiento de nuestro esfuerzo es, quizás, la característica más difícil de entender desde un trabajador ajeno al campo.
Cuando conseguimos un puesto estable en una empresa, tanto administrativo como en el área de producción, conocemos la retribución salarial que vamos a percibir como contraprestación de nuestra jornada laboral.

Sin embargo, en el campo, las horas de dedicación y esfuerzo no implican un resultado directamente proporcional al mismo. Es decir, no por trabajar muchas horas al día de forma continua tenemos garantizada una abundante cosecha o un rendimiento bueno de nuestra ganadería.
Considero que es en esta característica donde subyace el origen de una determinada filosofía muy característica de las personas que viven de su labor en zonas rurales, tanto en agricultura como en ganadería y que yo he vivido en primera persona en la comarca de La Vera.

Los seres vivos tendemos a la supervivencia en el más amplio sentido del término y buscamos mecanismos que nos permitan sobrellevar las dificultades cotidianas, aún sin ser muy conscientes de la generación de los mismos. Estos mecanismos van integrándose en nuestra personalidad de forma progresiva e imperceptible, pero con el paso de los años, conforman uno de los sustentos fundamentales de la experiencia.

Esta experiencia funciona con los mecanismos de autoayuda que lleva imbricados y nos permite disfrutar de más serenidad ante noticias adversas o dificultades.

Quizás el acontecimiento más importante de la tercera parte y final de nuestras vidas es la jubilación, salvo imprevistos nunca deseados que afecten a nuestra salud.

A esta fase suelen llegar los trabajadores de zonas rurales casi de forma sorpresiva para ellos. Pasan de una fuerte actividad física diaria, a una pasividad prácticamente total. Es en esta situación cuando se reúnen en soportales o escaños de los laterales de las iglesias, buscando el amigable calor de los rayos de Sol.

Es en esta etapa de su vida cuando, sin que se den cuenta, surge uno de esos mecanismos internos adquiridos, que les permite seguir adelante con naturalidad y sin mayor trauma.

La constatación de este hecho lo representa uno de los diálogos que más me han marcado en la vida, y que escuché en mi pueblo una mañana de invierno.

Para darle vida crearemos a Mateo y Paco, jubilados y cercanos a los 70 que ya se encuentran dentro del soportal de cara al Sol en esa mañana de invierno.

Son las 9:30 Am y Mateo dice:Pues ya ves…

Llegan las 11:15 y Paco contesta: … ya te digo…
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2s comentarios

  1. Acompasar tu vida a los ciclos de la naturaleza; saber que las cosas pueden torcerse cada día, pero que habrá otro día para arreglarlo; cansarse tras un día de trabajo y apreciar el paso del tiempo. …. ya te digo…

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