Salamanca y gentes de la vera; quizás un obituario.

Martes 14 de abril de 2015.
Acabamos de aparcar en la calle Espoz y Mina y hemos tomado el pasaje Coliseum para acceder a la plaza Mayor de Salamanca.
Voy paseando con mi hermana Cristina camino de la cafetería Novelty. Hace fresco. Mi hijo Carlos se adelanta y nos hace una fotografía. Mientras nos toma la foto, me quedo mirando por detrás de su cabeza los soportales y, mi pensamiento, se va a los años 40 del siglo XX.

Hermanos en la plaza mayor de Salamanca

“¿Teo, te has fijado en esa que tanto te sonríe cada vez que nos cruzamos?” Me dice Paco propinándome un codazo suave en el estómago.
Nuestro entretenimiento del domingo es circular en grupo en el sentido de las agujas del reloj por los soportales de la plaza Mayor, mientras las mozas lo hacen en sentido inverso, cruzándonos miradas y guiños en cada encuentro.

Teo, ¿entramos a comer o nos quedamos fuera? Me trae al presente con voz suave mi hermana que, ya me advirtió, viene con hambre.
Entramos al Novelty; está completamente reformado, conservando el recuerdo de su ambiente en fotografías de época colgadas en las paredes.
Nos sentamos y Cristina saca un sobre postal con tono blanco amarillento y me lo acerca diciendo: mira Teo las fotos que he encontrado ayer en mi cuarto.
Abro el sobre y hay dos fotografías, una en blanco y negro y otra, la más antigua, con tonos sepia.

  • La primera la hizo Gloria, mi mujer, en 1960 en el mirador que hay al pie de la Cruz del Valle de los Caídos, cuando llevábamos, camino de Salamanca, a mi hermana Cristina y dos compañeras suyas de la orden de las Hijas de Jesús, que se fundó en Salamanca en 1871.

    Hermanos de camino a Salamanca
  • La segunda, recuerdo perfectamente cuando la hice, pues estaba recién casado: julio de 1950.
    Mis padres, mis hermanas y mi cuñado José, en lo alto del “puente nuevo” en la garganta Cuartos.
    Ese día mi padre estaba enfadado porque “las monjitas”, como él decía, no habían dejado salir a Cristina venir al pueblo para estar todos juntos.

    Mi familia en nuevo puente Cuartos

– ¡Qué cosas me traes!, la digo. Han pasado ya algunos años
– Pues sí y no sé si te acuerdas el enfado de tu padre porque no pude estar con vosotros ese día. Me tuve que quedar en Salamanca y no le sentó nada bien.

Me quedo pensando el disgusto que tuvo mi madre 9 años después, cuando mi hermana no pudo venir al entierro de mi padre. De esto no comentamos nada, aunque los dos lo tenemos presente en nuestro recuerdo.

Después de comer recorremos la Plaza Mayor hacia su entrada Sur; llegamos a la Plaza del Corrillo y giramos por la calle Prior para llegar de nuevo a Espoz y Mina. En este recorrido Cristina me comenta que llega serena al final de su recorrido en la vida y que siempre ha sentido mi apoyo de una forma especial.
Carlos conduce despacio rodeando Salamanca; pasamos el puente romano. Carlos menciona lo agradable del rincón amurallado, a nuestra izquierda, que acoge “El huerto de Calisto y Melibea”. Cristina dice: es el escenario donde Fernado de Rojas escribió La Celestina. Cuando estoy bien de las piernas vengo con alguna hermana dando un paseo desde la residencia. Giramos para entrar en la calle de la residencia. Llega muy fatigada. La tenemos que llevar casi en volandas hasta la recepción. Una “hermana” baja una silla de ruedas. Nos despedimos; trato que se ponga de pie y vaya al ascensor sola. No puede. Me sonríe y dice: Hoy anduve mucho ya Teo, el próximo día que vengáis damos otro paseo como el de hoy. Ha sido muy agradable repasar tantos recuerdos bonitos.

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Cristina ha fallecido el 4 de mayo de 2017; no volvió a salir a comer fuera de la residencia.

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