Un sin vivir

Estos días, cuando se sale a pasear por el campo ya sea en llano, monte bajo o montaña, hay que salir con el cuello bien preparado y entrenado.

En estos días, la tierra y el cielo compiten para ver quién se lleva toda nuestra atención y cuál de los dos lugares nos obsequia con mayor esplendor y belleza.

Si miramos al cielo descubrimos unas aves migratorias de tránsito, camino de las tierras templadas de África; otras que se van buscando calidez hacia el sur de la península, y las que llegando de Europa hacen parada y fonda estacional seduciendo nuestros sentidos con su presencia.
Este vehemente tráfico en busca de alimento, llena nuestros cielos de vida y sonido.
Las aves estables, las que permanecen con nosotros todo el año, tampoco pierden comba y colaboran con sus rutinas vitales a toda esta sinfonía de movimientos alados.

Nuestros horizontes revientan de vida proyectando unos atardeceres de belleza espectacular

migración

Si miramos al suelo descubrimos las hojas humedecidas acumuladas, los helechos oxidando su verdor contrastando con los musgos brillantes que se acomodan en las rocas.
Las nuevas hojas que caen, conforman un tapiz de colores diversos donde los ocres dominan. Además, todo nuestro suelo húmedo fecundado en los días de Sol, queda preñado de hongos, multitud de setas variopintas que, si no andamos con cuidado, podemos pasar de largo sin descubrirlas evitándonos el placer de disfrutar al recogerlas, si te son conocidas.
De todas esas setas que descubres, si no te son conocidas, no las cortes. Al igual que contemplas los pájaros, contémplalas y, que permanezcan en el camino para que devuelvan a la tierra, lo que la tierra les da.paseando la vera

Lo dicho, los cuellos deben estar entrenados para no perderse nada con las oportunidades que tenemos de disfrutar arriba y abajo.
Un sin vivir…

Miriam

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