Las gentes de La Vera, y un obituario pendiente.

“Las gentes, como sus caminos, están llenos de vericuetos” relata en uno de sus escritos de viajes por Extremadura D. Miguel de Unamuno, sobre los habitantes de La Comarca de La Vera.

La Comarca de La Vera tuvo malas comunicaciones durante décadas; hasta comienzo de los 60 no llegó el asfalto como avanzadilla hasta Jarandilla y hubo que esperar hasta casi los 70 para que estuviera de forma más o menos generalizada en la Comarca.
Sin duda este es el motivo por el que durante años, y a causa de la visita de los primeros turistas (Javier Marcos Arévalo: La identidad extremeña. Gazeta de Antropología 1998), arrastraran la fama entre sus rasgos negativos de estar aislados, ser taciturnos, indolentes, atrasados e individualistas.
Es justo señalar que igualmente destacan (en dicha publicación) sus rasgos positivos, como que son personas sencillas, francas, sacrificadas, hospitalarias y gentes de honor y probidad.
No es una opinión aislada; ya a finales del siglo XVIII un clérigo de Jaraicejo, Francisco Gregorio de Salas, dedicó la siguiente décima a sus paisanos:

Espíritu desunido
anima a los extremeños;
jamás entran en empeños,
ni quieren tomar partido.
Cada cual en sí metido,
y contento en su rincón,
aunque es hombre de razón,
vivo ingenio y agudeza,
vienen a ser por pereza
los indios de la nación.

Sin embargo está probado por los restos en los yacimientos arqueológicos excavados en los castros de la zona, que la industrialización del pueblo Vetón es anterior a la ocupación romana, lo que nos lleva a concluir que si esta región no ha estado más desarrollada, es más a causa del individualismo y la falta de comunicaciones eficientes, que por falta de ingenio o espíritu de trabajo.
Los vetones fueron la denominación atribuida a una población celta prerromana cuyo centro geográfico de ocupación está situado entre las provincias de Cáceres y Ávila, en plena sierra de Gredos; es decir, los habitantes de La Comarca de La Vera tienen origen vetón y, los vetones, se caracterizaron por ser ganaderos y guerreros.

Vettones_cities_location_map-es

Mi padre ha tenido buenos amigos en su vida, especialmente los relacionados con su estancia en los pueblos de La Vera donde pasó parte de su infancia, estuvo trabajando varios años y retorna siempre que sus deberes se lo permiten.

De todos sus amigos hay uno en especial, que me impactó en las largas conversaciones que mantuve con él durante años y que, ha originado, que no pueda pensar en el Losar sin tenerle presente.
Este hombre fue el paradigma de los rasgos positivos arriba descritos y, si tengo que mencionar algo enfocado como negativo, quizás le asignaría el adjetivo de individualista.
Ahora bien, si traigo a este relato la presencia de este personaje, es por los rasgos positivos y ser la definición clara de un hombre sencillo, franco, sacrificado, hospitalario y persona de honor y probidad que me impactó positivamente durante todo el tiempo que pude conversar con él.

Con una formación cultural más que sencilla obligada por la época en la que le tocó nacer, demostraba en sus conversaciones una lógica, sensatez y coherencia, nada predecibles si le juzgábamos por su presencia física.
Contrastaba su físico histriónico con el frecuente en los autóctonos de la comarca, más bien menudos y, la mayoría, enjutos. Encajaba más en la definición de gigante, frente a la estructura física de sus congéneres, que en la de hombre alto y corpulento, como yo mismo le catalogué.
No recuerdo la primera conversación larga de opinión que mantuve con él, tampoco recuerdo la última, pero si recuerdo y tengo muy presentes multitud de conversaciones durante todo el tiempo que pude tratar con él.
Recuerdo perfectamente cómo me alegraba verle aparecer por casa de mi padre, donde se dejaba ver tanto de mañana a la hora de nuestro desayuno de tiempo de ocio, las 10 de la mañana, como a la caída de la tarde sobre las ocho y media a nueve, cuando estábamos cenando en la parte trasera de la casa, en un pequeño jardín, que aún hoy existe.
Siempre se hacía con mi centro de atención en un tono de voz queda, pausada y redactando sus comentarios de forma global e impersonal: “… el público es complejo, cada uno te pide una cosa y es muy difícil acertar con todos…” Ante mis opiniones de joven nervioso y algo radical, era habitual recibir una respuesta pausada, con tono sereno, que siempre empezaba por “… puede ser…, puede ser…, pero…” y detrás del pero siempre machacaba mi argumento con un razonamiento sacado del saber de la experiencia, sin universidades ni manuales por medio, que me hacía dudar de la eficacia de la lectura de los pensadores institucionalizados.
Hace poco tiempo que nos dejó físicamente, un poco más hace que nos abandonó en las tertulias con su conversación y conocimiento.
Teodoro, siempre estarás en el recuerdo de los que conversamos contigo.

TEODORO Y UNOS AMIGOS EN LA GRADA DE LA PLAZA DE lOSAR (3)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.